Concierto 10

Yann Dubost Contrabajo
Magali Mosnier Flauta
Pablo Barragán Clarinete
Vassilena Serafimova Marimba

Dúo del Valle Piano dúo

Cuarteto Modigliani
Amaury Coeytaux Violín
Loïc Rio  Violín
Laurent Marfaing Viola
François Kieffer Violonchelo

 

WOLFGANG AMADEUS MOZART (1756-1791)
Cuarteto de cuerda nº 17 en si bemol mayor K.458, “La caza”

  1. Allegro vivace assai
  2. Menuetto (moderato)
  3. Adagio
  4. Allegro assai

 

CAMILLE SAINT-SAËNS (1835-1921)
El carnaval de los animales

  1. Introducción y marcha real del león
  2. Gallinas y gallos
  3. Hemíonos
  4. Tórtugas
  5. El elefante
  6. Canguros
  7. Aquarium
  8. Personajes de largas orejas
  9. El cuchillo en el fondo del bosque
  10. Pajarera
  11. Pianistas
  12. Fósiles
  13. El cisne
  14. Finale

 

Notas al programa

El comienzo del Cuarteto en Si bemol mayor K458 de Mozart, dedicado al “caro amico” Joseph Haydn, nos sitúa al aire libre, en un entorno rústico, soleado y feliz, aun con ciertas incursiones en zonas sombrías. Esto se debe a la célula melódico-rítmica, lozana y alegre, que abre el Allegro inicial y que, además de otorgar el nombre cinegético a la partitura, genera un discurso de métrica atractiva. El clima bucólico se prolonga en el Minuetto, amable y de candoroso estilo danzante. Sin embargo el Adagio, con su nobleza de amplio vuelo, su carácter introspectivo y sensiblemente lírico, nos lleva a algún rincón secreto, donde este tributo a Haydn vuelve la mirada hacia un Schubert aún por llegar. Es sin duda la cima musical del cuarteto, tras la que retornamos a un ambiente ligero y vivaz, sostenido por tres deliciosas ideas que, en manos de Mozart, tienen un desarrollo sublime y nos hacen recordar al dedicatario del cuarteto.

Todo un abanico de expresividad, como el que provocan los ejemplares de la fauna que reúne Saint-Saëns en su Carnaval de los animales, una “fantasía zoológica” concebida para ser interpretada de manera privada entre amigos y, por orden expresa del compositor, vetada a la imprenta hasta su fallecimiento. Hoy, felizmente editada, suena con cierta frecuencia y en ella, el desenfado y la ironía se alían con el vasto conocimiento que Saint-Saëns tenía del panorama musical de su época. Por ello, las caricaturas de varios de los animales que desfilan por la partitura están perfiladas a partir de algunos de los temas de moda, incluyendo alguno del propio compositor. De ahí que, además de oír tortugas, leones, peces o elefantes, asistamos a la procesión de fragmentos de música de Rossini, Offenbach o Berlioz. Pero también hay una pizca de critica a la profesión -no podía faltar en Saint-Saëns- y la parodia musical se ceba en los pianistas, verdaderas estrellas del momento -él mismo lo era-, o en los violinistas. A varios de los caricaturizados, animales todos en sentido estricto, los reúne en el bullicioso desfile con que cierra este festín musical.

Dos obras donde la música está cosida a la amistad. Un verdadero disfrute.

Mercedes Albaina

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